jueves, julio 27, 2006

C. B.

Todo se resume a una mirada mutua, distante y fría. Sin afán de provocar o de marcar presencia, sino que sólo busca hacerse un mínimo espacio para no importunar, para decir "aún existo y no quiero herirte".
Todo está por terminar. Falta poco más de un mes para no vernos más. Para no tener que toparnos cada día y evitar nuestras miradas. Es lo mejor para ambos, aunque sé que jamás la olvidaré del todo. Mientras tanto, la mantendré escondida en un rincón, como un zapato viejo que jamás ocuparé pero que, sin embargo, me trae recuerdos de épocas difíciles que dejé atrás.
No es masoquismo sino una especie de trofeo, un hito que delimita mi antes y mi después y me sirve como referente al momento de analizar mi crecimiento como persona.


sábado, julio 22, 2006

La tristeza

Ha sido una semana extraña. La pena me invade, me nubla los pensamientos y me empaña la vista. Hace mucho tiempo estuve triste, pero esta vez es más intenso el sentimiento. No poder comer porque cualquier cosa que se echa a la boca produce una sensación de ahogo, de asco, de acidez en lengua y encía que al cabo de un par de días termina por resquebrajar los labios, hacerlos arder y sangrar.

Me siento vacío, como si estuviera sobrando en este mundo. Como si ocupara un lugar que no merezco en un sitio que no me corresponde.

Las ganas de llorar son fuertes. No hay un motivo que las gatille por sí solas, pero la sensación de abandono generalizada se suma con el rechazo directo de una persona que en algún momento sentí muy cercana afectivamente, pero que hoy mantiene una distancia forzosa que demarca con caras de aburrimiento y gestos de desaprobación, manteniéndome aislado de su vida.

Perdí la motivación, la creatividad, la alegría y el buen ánimo... pero a nadie pareciera importarle.

Si supieran lo que se sufre al estar así. Si supieran todos los pensamientos autodestructivos que rondan mi mente a cada momento y que lucho por mantener alejados. Si supieran el dolor de mi alma cuando ella me evita o ignora.

No tengo ganas de vivir. Me falta concentración y memoria para cosas tan cotidianas como manejar 14 kilómetros en automóvil por la mañana y otros 14 en la tarde, siempre haciendo el mismo recorrido y viniendo ahora a equivocar la ruta. Resultado: más frustración, más sensación de inutilidad y más enojo por no funcionar adecuadamente.

Siento que las piernas y brazos me pesan. He intentado dormir mejor y más tiempo, pero me remuerde la conciencia saber que podría aprovechar ese tiempo en actividades más productivas, aunque racionalmente entiendo que si estoy descansado podré hacer mejor las cosas, pero la sensación no se maneja con la mente, así como el cariño desbordante que siempre sentí por ella y que no se puede manejar ni dosificar en su justo momento.

Las emociones brotan con fuerza. Es agotador esto de pasar del amor incondicional a un alejamiento progresivo y forzado. Me duele, me lastima y me quema.