Como animalitos sin capacidad de análisis, ofreciendo golpes para solucionar los problemas. Tratando de imponerse por la fuerza a falta de intelecto, ideas y argumentos.
No se puede trabajar con gente así, no se debe trabajar con ella. La dignidad no tiene precio y la intolerancia a la estupidez me obliga a decidir abandonar un trabajo bien remunerado, pero que carece de lo esencial: inteligencia y creatividad.
Atrás quedan los malos recuerdos, pero también los buenos y aquellos en que algunas personas realmente supieron sintonizar afectivamente conmigo.
Gracias a Daniela, Jaime, Liliana, Sandra, Mónica, señora Ximena y Gloria, también a Josefina, Cristián y Paula, aunque el último par no merece nada más que la cortesía.
Al resto... al resto que le vaya bien dentro de sus limitaciones mentales y laborales, malditos imbéciles.
No se puede trabajar con gente así, no se debe trabajar con ella. La dignidad no tiene precio y la intolerancia a la estupidez me obliga a decidir abandonar un trabajo bien remunerado, pero que carece de lo esencial: inteligencia y creatividad.
Atrás quedan los malos recuerdos, pero también los buenos y aquellos en que algunas personas realmente supieron sintonizar afectivamente conmigo.
Gracias a Daniela, Jaime, Liliana, Sandra, Mónica, señora Ximena y Gloria, también a Josefina, Cristián y Paula, aunque el último par no merece nada más que la cortesía.
Al resto... al resto que le vaya bien dentro de sus limitaciones mentales y laborales, malditos imbéciles.


