Que fragilidad existe en las relaciones humanas. Un gesto inadecuado en el momento menos indicado y se produce un torbellino que desbarata todo lo que se había constuido con meses de esfuerzo. Difícil reconstruir lo que ya se derrumbó. En este caso no hay albañiles capaces de levantar nuevamente un edificio de tamañas proporciones. Se desvanecen los afectos, se diluye el cariño y ni siquiera el paso del tiempo puede borrar las huellas del desastre.
Sólo queda la certeza de que los cimientos seguirán ahí para construir algo nuevo evitando el material reciclado y convertir un nuevo esfuerzo en algo monumental, de categoría y que resista el paso de cualquier tormenta.
Ya no habrá días soleados ni mañanas frescas o tardes divertidas. Todo se hace trizas y no hay voluntad que repare el daño causado por la falta de compromiso.
Sólo queda la certeza de que los cimientos seguirán ahí para construir algo nuevo evitando el material reciclado y convertir un nuevo esfuerzo en algo monumental, de categoría y que resista el paso de cualquier tormenta.
Ya no habrá días soleados ni mañanas frescas o tardes divertidas. Todo se hace trizas y no hay voluntad que repare el daño causado por la falta de compromiso.



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